LOS LIBROS ARDEN MAL

“… Había oído a un pintor llamado Luis Huici referirse al callar de las cosas… El callar de las cosas. Las cosas callaban y hablaban. Eso era, dicho así, un pensamiento muy sencillo, pero al que no era fácil llegar. Estaba ahí, como una boya bajo el agua, pero había que tirar de él.

Había el hablar de las cosas y el callar de las cosas. Había si, esas dos percepciones que hacían especial un cuadro o un poema. Una, el habla de las cosas. Captar el habla de las cosas, su aura expansiva, su querer decir, y traducirlo al lenguaje de la luz y los sonidos. La otra era el callar de las cosas. Su esconderse. Su ausentarse. Su vaciar. Su pérdida. Reflejar o contar esto era otro estremecimiento. El primer arte provocaba un estremecimiento frontal. El segundo, una corriente lumbar.

Un momento. Aun en el callar de las cosas podían distinguirse dos clases de silencio. Un silencio amigo, que nos acompaña, donde se pueden recrear las palabras y otro silencio. El que aterroriza. A este silencio, dijo Huici, Rosalía de Castro lo llamó “el silencio mudo”.

El agua tibia de la palangana callaba en un silencio amigo.”

 

“LOS LIBROS ARDEN MAL”MANUEL RIVAS 

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