FRENTE A ELLA

   Se puso frente a ella. En el aire volaban partículas doradas que parecían provenir de la inmensa esfera y se adherían a sus cuerpos dejándolos iridiscentes. Dos estatuas de sol.
Los dedos de Andreu acariciaron despacio, indecisos, el perfil de los labios de Aurora, temiendo borrarlos con el gesto. Su boca se acercó húmeda de aliento hasta posarse en los párpados cerrados de la mujer de viento. Una música lenta, de silencios en vuelos. Un beso ingrávido suspendido en un hilo de seda.
   Quería sentirla sin romperla. Temía que aquella pasión se le desbocara como caballo nocturno, pero no pudo evitarlo. Por lo menos no sus dedos, que resbalaron desde el cuello blanquísimo, nacimiento de piel palpitante, hasta rozar el centro del escote, metiéndose entre dos montañas de piel que se erguían respondiendo vivas. 
   Aurora, que no podía abrir los ojos, inmovilizada como estaba de placer, sentía aquellos dedos como diminutos párpados en fuga dentro de su corpiño; teñían de ansias con sus plumas rojas no sólo las zonas tocadas, sino los lugares más impenetrables de su cuerpo. Aún no se habían besado y ya su piel se le caía en suspiros. No podía detenerlo. Sabía que solo bastaba una palabra, su propia mano o una mirada abierta para impedir que la tocara, pero su voluntad no la escuchaba; había desplegado por fin sus alas y volaba por encima de ella misma…enseñándole el placer del primer vuelo.
   Su cuerpo tocado por encima de su traje de sombras se deshacía en las manos de Andreu. Se sentía sol quemante bajo esa luz lunar, piel hecha de teclas…Piano. Aquellos dedos le arrancaban sinfonías nunca sentidas ni en el mejor concierto.
   Sólo después, su boca buscó sedienta los labios de él, que aguardaban como rosa abierta, húmeda lengua, dulce enredo de pasiones delineando bordes, poseyendo aquel espacio de palabras mudas, de mieles nuevas. ¿Quienes eran?En ese beso sólo se identificaba una pasión y amor de siglos retenidos; de instante florecido.
   Cuando más se entrelazaban sus lenguas, más crecía aquella luna. ¿Era una luna?Un viento solar les soplaba corrientes de luz. Aquella esfera inmensa se había refractado en óvalos de aurora llameantes, partículas solares, llamaradas onduladas de colores rojizos. Un Mediterráneo combustionado en fuegos. Una aurora boreal insólita.
   Presos en ese campo magnético de amor y en una intensidad lenta, permanecieron besándose; el amor se les vaciaba por las bocas; se lamían el alma con sus lenguas hasta quedar sedientos de más besos. Entonces volvían a empezar, sin hablar. Con sus bocas sangrantes, de besos dados y por dar, que se vaciaban y llenaban insaciables.
 
El penúltimo sueño
Angela Becerra
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